Descubren un factor de riesgo para ser celíacos


El 40% de la población tiene la variante del gen principal asociado con la enfermedad celíaca

Aproximadamente un 40 % de la población tiene la variante del gen principal asociado con la enfermedad celíaca, pero solo un 1 % desarrolla intolerancia al gluten, lo que aún no se comprende bien. Un nuevo trabajo ahonda ahora en esta línea y señala un nuevo factor de riesgo para padecer este desorden.
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Sábado 25 de junio – Primera Reunión de Padres de Familia (de hijos) con Alergias Alimentaria


Apreciables amigos alérgicos y celíacos,

Les saludamos cordialmente.

 De verdad, vivo en el convencimiento de que las personas somos quienes cambiamos las sociedades, y que nuestras acciones son las que hablan por nosotros. Más que palabras. Más que intenciones. Más que quejas o reclamos, nuestras acciones, lo que hacemos cada día, son las que marcan la diferencia en nuestra sociedad. Nada me da más gusto que ser testigo de la formación de proyectos creativos, con iniciativas y criterios propios, que ayuden a mejorar la vida de quienes viven con algún tipo de intolerancia alimenticia. 

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Alimentos que caen mal


Algunas personas sufren intolerancia a ciertos alimentos. La leche, las frutas y los productos endulzados con sacarosa les pueden producir malestares como dolores en el vientre e, incluso, diarrea. Lo que sucede es que el organismo no puede procesar algunos hidratos de carbono, como la lactosa (azúcar de la leche), la fructosa o la sacarosa.

Cuando un alimento no es digerido apropiadamente, la causa es que se dificulta la absorción de los hidratos de carbono que contiene, el intestino; hay una intolerancia. Quedan retenidos en él y se convierten en un festín para las bacterias. Los gases producidos por el metabolismo de aquéllas son los causantes del malestar intestinal y de la molesta diarrea.

La intolerancia a la lactosa es muy común. Se calcula que en los Estados Unidos afecta a unos 50 millones de personas. Este tipo de azúcar no sólo está en la leche sino también en todos los productos lácteos.

La intolerancia a la lactosa puede ser primaria, que es rara, o secundaria a otras enfermedades.

La causa de esta intolerancia es la deficiencia de una enzima, la lactasa, que es producida por las células del intestino. La lactasa es la encargada de dividir la molécula del azúcar de la leche (un disacárido) en dos unidades más pequeñas para que puedan ser absorbidas en el torrente sanguíneo.

En algunos casos los chicos nacen con la incapacidad para producir lactasa. Sin embargo es más común que esta deficiencia se desarrolle con el correr de los años. En la especie humana, la producción de lactasa va decreciendo con la edad, por eso hay adultos que son intolerantes a la lactosa de la leche de vaca.

La fructosa, por su parte, es un tipo de azúcar muy común en las manzanas, las peras, los pomelos y la miel, y se emplea en la preparación de jugos artificiales. Las gaseosas contienen un 55 por ciento de fructosa como endulzante. Con respecto a los efectos de la intolerancia a la fructosa, éstos son más comunes en verano, cuando la gente, por lo general, ingiere mayor cantidad de frutas.

En cuanto a la sacarosa, es el azúcar común de la caña, con la que se endulza el café y las infusiones. Se encuentra en los caramelos y diversas golosinas. La intolerancia a la sacarosa no es tan común como la que producen los otros tipos de azúcar.

Síntomas de la intolerancia a los azúcares

Cuando se sufre intolerancia a la lactosa, los síntomas (hinchazón en el vientre, flatulencia, diarrea) se manifiestan entre dos y seis horas luego de haber bebido uno o dos vasos de leche, o de haber comido una abundante cantidad de productos lácteos, especialmente con el estómago vacío.

La solución, para mucha gente, es reemplazar la leche común por una leche especial, con bajo contenido de lactosa (alrededor de un 70 por ciento menos). Los especialistas recomiendan que las personas que sufren este problema se acostumbren a leer las etiquetas de los alimentos para detectar la presencia de lactosa, que suele agregarse a los panes en rebanadas, los cereales, el puré instantáneo, los caldos en cubos, las mezclas para preparar bizcochuelo, las galletitas, las salchichas, y algunos condimentos como el ketchup.

Debido a que la leche y los productos lácteos son ricos en calcio y otros nutrientes esenciales, si la dieta está desprovista de estos alimentos el déficit se hará sentir tarde o temprano en el organismo. Sin embargo, algunos vegetales como el brócoli, son ricos en calcio y tienen muy bajo contenido de lactosa. Lo mismo sucede con pescados como el salmón y las sardinas, los camarones y las ostras. También el queso de soja (tofú) es rico en calcio y bajo en lactosa.

En el caso de la intolerancia a la fructosa y la sacarosa, el único tratamiento que existe consiste en evitar los productos que los contengan. O comerlos en forma espaciada. Los azúcares como la lactosa, fructosa y sacarosa, se emplean en la composición de muchos fármacos, por lo cual las personas que sufren de intolerancia a estos nutrientes, deberían consultar al médico cada vez que les prescribe un medicamento.

¿Cómo se determina la intolerancia a la lactosa?

Los especialistas pueden sospechar que una persona sufre de intolerancia a la lactosa a partir del relato de los síntomas, es decir, la respuesta del organismo frente a determinados alimentos.

Cuando un chico tiene intolerancia a la lactosa, se hace un diagnóstico para ver si tiene una intolerancia natural o ha ido perdiendo su tolerancia por tener una enfermedad de base, como por ejemplo una infección intestinal producida por una bacteria o un virus intestinal. Cualquier enfermedad que afecte la vellosidad del intestino delgado, que es donde está la lactasa, destruye la enzima e impide que las células del intestino la vuelvan a producir, explica la especialista.

Una vez que se hace el diagnóstico, lo que se cuida, especialmente en los niños, es el aspecto nutricional. Al principio los médicos aconsejan ingerir leche con bajo contenido de lactosa, porque, según afirman, es importante que haya un poco de lactosa para que la enzima puede volver a formarse. Y si el problema persiste, sugieren una dieta libre de lactosa.

También debe suspenderse temporalmente la ingesta de alimentos con lactosa en los casos de diarreas agudas de origen infeccioso, aunque el paciente no sufra de intolerancia a ese tipo de azúcar, porque en las diarreas agudas infecciosas se produce un déficit de lactasa.

Para diagnosticar el problema existe un tipo de prueba que se denomina “Detección de Hidrógeno Espirado”. Por lo general este gas no es detectado en el aliento, pero, cuando los azúcares como la lactosa no se digieren bien, las bacterias del intestino que se “alimentan” con estos azúcares pueden producir varios gases, que incluyen el hidrógeno. Este gas es absorbido en la sangre, transportado a los pulmones y exhalado.

Pero esta prueba es costosa y, en la Argentina, se realiza sólo en algunas instituciones privadas. Esta prueba sirve también para determinar la presencia y cantidad de algunas bacterias del sistema digestivo.

Otra prueba para determinar la intolerancia a la lactosa es un análisis de sangre para medir el nivel de glucosa. Primero se realiza una extracción en ayunas, y otra, dos horas después de tomar una bebida que contenga lactosa. La prueba consiste en determinar si el nivel de glucosa sufre algún cambio. Si el paciente no puede digerir la lactosa, ésta no se divide en porciones más pequeñas, y el nivel de glucosa permanece sin cambios.

En cuanto a la existencia de medicamentos específicos que puedan paliar la intolerancia a la lactosa, algunas publicaciones mencionan ciertos fármacos cuya función es efectuar un reemplazo enzimático, es decir, proveer la enzima faltante. Sin embargo, éstos todavía no están disponibles en la en todos los países.

Tratamos de medicar poco, y tratar a los niños con elementos naturales, es decir, eliminando o disminuyendo la cantidad de aquellos alimentos que puedan causar la intolerancia.

Fuente: buenasalud.com

¿Qué es el glutánamo monosódico?


Hace algunos días en el grupo de Facebook: Celíacos Mexicanos, Denisse nos compartió la imagen de una nota que salió en el periódico El Norte, sobre el Glutánamo Monosódico, en la cual surgió la pregunta del millón ¿puede ser consumido por celíacos?

 

 Tenía mucho tiempo que había leído un artículo en el que recomendaban no comer productos hidrolizado al igual que el Glutánamo, ya que podían ser derivados de cereales como el trigo, así que nuevamente me di a la tareade buscar un poco de información y les comparto lo que encontré:

 En un artículo de “en buenas manos”, menciona que el glutamato monosódico es la sal de sodio del ácido glutámico (presente en la mayoría de los alimentos proteicos ya que es una proteína) y se obtiene a través de un proceso de fermentación a partir de algunos productos como la caña de azúcar o algunos cereales.

Luego pasa por un proceso de refinado hasta obtener el Glutamato monosódico puro.
Se compone de glutamato (ácido glutámico), agua y sal.

Se utiliza como aditivo saborizante o potenciador de aroma y ya tiene casi medio siglo de uso alimentario

 Sin embargo en la página de “Consumer”, nos hablan de la Intolerancia al glutamato monosódico, cuyos síntomas consisten en: cefaleas, opresión torácidca, sensación de calor y hormigueo, rigidez y/o debilidad en las extremidades, aturdimiento, enrojecimiento facial y molestias gástricas.

 De dicha intolerancia se realizó una prueba alimentaria a doble ciego y controlada en la que participaron personas que decían padecer el “síndrome del restaurante chino”. En esta prueba, ni el paciente ni el investigador saben qué producto se está administrando al paciente. Los resultados fueron bastante concluyentes y no confirmaron que el glutamato monosódico fuera el agente causante. Esto echa por tierra la mala fama que ha cargado este aditivo durante muchos años. Son numerosas las investigaciones científicas que han llegado a la conclusión de que este aditivo es un condimento seguro y práctico.

 Si bien en Wikipedia, aparece como no alérgeno: “No se ha podido demostrar científicamente que el glutamato produzca efectos nocivos para la salud humana a largo plazo. Según el “American College of Allergy” el glutamato no es un alergeno. Ningún aminoácido por sí solo puede funcionar como epítopo induciendo una respuesta inmunitaria. Pero sí es posible que ciertos individuos sufran una intolerancia cuando se ingiere solo, igual que existen intolerancias con otros ingredientes.” No indica que a los celíacos pueda o no causarnos daño, recordemos que la clave para entender la dieta libre de gluten es saber cómo leer y entender muy bien los ingredientes en las etiquetas de los alimentos. Los que tienen los siguientes ingredientes dudosos no deben ser consumidos a menos que puedas verificar que no contengan gluten o sean derivados de otros granos prohibidos. (Esto en palabras de Mis niños y yo)

He recibido una excelente noticia Noemí Martínez, a través de Facebook, me ha pasado un link con toda la información referente al GMS (Glutánamo Monosódico), en el cual se puede leer claramente en las preguntas frecuentes que el GMS, NO contiene GLUTEN

Como siempre si alguien tiene información al respecto y gusta modificar o agregar información adicional es bienvenid@.

No apta para todos los intestinos


A algunos les gusta la leche; otros, por el contrario, no la toleran, literalmente. Son muchos los adultos a quienes hace daño la leche; no la digieren bien. Para ser precisos, es la lactosa, -el azúcar de la leche-, lo que no pueden digerir. A esa incapacidad se denomina intolerancia a la lactosa.

La lactosa es un disacárido, un azúcar formado por dos hexosas. Para digerir azúcares como esos se requieren disacaridasas, enzimas que ayudan a hidrolizarlos (1). La enzima que rompe la lactosa se denomina lactasa y como ocurre con otras disacaridasas, se encuentra en la membrana de las células del epitelio intestinal, en el lado que da a la luz del intestino. El que se encuentre en la misma membrana es importante, puesto que los dos monosacáridos que surgen de la hidrólisis de la lactosa, -glucosa y galactosa-, son simultáneamente absorbidos en el curso del proceso digestivo.

¿Y qué es lo que ocurre cuando no se puede digerir la lactosa? Ocurre que no se puede absorber y permanece en la luz del intestino. Por ello, la microflora intestinal la fermenta, formándose gases como consecuencia de esa fermentación, con el consiguiente malestar que provocan esos gases. Pero además, el disacárido es un efector osmótico; esto es, mientras permanece en el interior del intestino actúa como cualquier otro soluto, ejerciendo su correspondiente efecto osmótico. Esto quiere decir que provoca un flujo de agua, a través del epitelio, del medio interno a la luz intestinal. Ese agua se evacua, junto con los restos de la digestión, con las heces, provocando diarrea. Precisamente por esa razón, además de malestar, el no poder digerir la lactosa puede también provocar deshidratación. Y como consecuencia de la imposibilidad de digerir la lactosa, es fácil que aparezca aversión a la leche, perdiéndose de esa forma la posibilidad de aprovechar los nutrientes y minerales propios de la leche.

La intolerancia a la lactosa puede tener un doble origen. La denominada intolerancia primaria es muy común y ocurre a muchas personas tras el destete. Más adelante me ocuparé de esta forma de intolerancia. La otra, la denominada intolerancia secundaria, tiene su origen en alguna afección intestinal. En algunas ocasiones, una enfermedad intestinal puede provocar una carencia de la enzima lactasa. La enfermedad celíaca, el mal de Crohn, o inflamaciones intestinales suelen estar en el origen de esta forma de intolerancia. Y en algunas ocasiones también pueden estarlo infecciones intestinales víricas o bacterianas. Son muy comunes, por ejemplo, en el caso de niños y niñas, ya que no es difícil que como consecuencia de una infección quede dañada la mucosa intestinal, lo que conlleva la pérdida de buen número de células epiteliales y, en consecuencia, de la lactasa que se encuentra en sus membranas. De ahí viene que bajo esas circunstancias no puedan digerir la leche.

Pero es la primaria, con mucho, la modalidad más extendida de intolerancia, ya que afecta a la mayor parte de seres humanos. De suyo, se trata de una intolerancia común a la mayoría de los mamíferos una vez ha finalizado el periodo de lactancia. Al fin y al cabo, la leche es el alimento de los primeros meses o años de vida de los mamíferos, por lo que no tiene sentido mantener la producción de una enzima, -la lactasa-, si su concurso no va a ser necesario durante el resto de la vida. Esa es la razón por la que en muchos críos la actividad de la lactasa comienza a descender a partir del segundo año de vida.

Ahora bien, como sabemos, los individuos de algunos pueblos mantienen la capacidad de digerir leche durante toda su vida, pues siguen produciendo lactasa incluso después de haber sido destetados. No es una capacidad universal. Surgió hace 8.000 años en algunos pueblos que consiguieron domesticar ganado, y gracias a ella pueden hacer uso de un alimento tan valioso como la leche y garantizar de esa forma el aporte de calcio y de vitamina D. Ha de tenerse en cuenta que calcio y vitamina D son nutrientes esenciales para el crecimiento y formación saludable de los huesos.

Esa capacidad es de especial importancia cuando se habitan zonas caracterizadas por una baja incidencia de la radiación solar, puesto que gracias a la radiación ultravioleta de la luz solar se produce vitamina D2 (del ergosterol) y D3 (del colesterol). Por esa razón, la posibilidad de digerir la leche ha constituido una adaptación muy valiosa para los pueblos que han colonizado las altas latitudes, puesto que en esas latitudes hay poca luz solar y bajo esas condiciones lumínicas la producción de vitamina D se encuentra muy limitada.

Veamos, a continuación, cómo varía de unos países a otros la capacidad para digerir y absorber leche durante la vida adulta, a partir de los porcentajes de individuos en las respectivas poblaciones que presentan intolerancia a la lactosa: holandeses: 0%, suecos: 1%, daneses: 3%, ingleses: 6%, rusos: 15%, españoles: 15%, estadounidenses de origen europeo: 24%, griegos: 53%, aborígenes australianos: 67%, italianos: 71%, árabes: 80%, estadounidenses de origen africano: 81%, esquimales: 83%, mexicanos: 83%, nigerianos: 89%, aborígenes norteamericanos: 95%, tailandeses: 98%, estadounidenses de origen asiático: 100%.

Es muy significativo el dato relativo a los esquimales, puesto que pone de manifiesto que la variación observada no es simplemente latitudinal. También merece mención especial la diferencia entre estadounidenses de origen europeo y nativos norteamericanos. Está claro que los mayores porcentajes de tolerancia a la lactosa se dan en europeos, razón por la que el ganado de leche ha tenido en Europa más importancia que en ninguna otra zona del mundo a lo largo de la historia. No obstante, hay que advertir que hay pueblos de otras zonas del Planeta, -África, por ejemplo-, que también han desarrollado la capacidad para digerir leche en la vida adulta, en conjunción con la práctica de la ganadería de leche.

Notas:

(1) La hidrólisis consiste en la separación (lisis) de dos moléculas que se hallan enlazadas, utilizando para ello una molécula de agua (hidro), de manera que al deshacerse el enlace, una hexosa se queda con un hidrógeno (H+) y la otra con un grupo hidroxilo (OH-)

(2) De acuerdo con datos publicados recientemente es posible que esa capacidad surgiera incluso antes, hace unos 12.000 años.

Fuente: blogs.elcorreo.com