Linaza, moda saludable


Es común oír comentarios sobre las bondades que ofrece esta semilla e, incluso, no faltan quienes la califican de maravillosa, ya que se dice que ayuda a bajar de peso, mejora la digestión y controla los niveles de glucosa y colesterol en la sangre. ¿Qué tanto hay de cierto en esto?

Muchos piensan que la linaza es el “último grito de la moda” en cuanto a nutrición se refiere, gracias a que se ha desatado importante campaña publicitaria en la que se divulgan testimonios de usuarios satisfechos y especialistas en naturismo o herbolaria, quienes no dejan de enfatizar los notables y múltiples beneficios que aporta a la salud. Lo cierto es que antes de salir corriendo a comprar este producto, conviene detenerse un instante e informarse para saber qué tan cierto es lo que se difunde.

De inicio vale recordar que el lino (Linum Usitatissimum) y su semilla, la linaza, son viejos conocidos de la humanidad. Egipcios, babilonios y griegos cultivaron esta planta desde hace al menos 5,000 años para obtener alimento e importante fibra de uso textil, además de que la empleaban con fines medicinales; de hecho, se sabe que uno de los padres de la Medicina occidental, Hipócrates (460 al 377 antes de nuestra era), recomendaba su uso para tratar malestares digestivos y enfermedades de la piel.

La linaza puede comerse sola, ya que su agradable sabor recuerda al de la nuez, o puede combinarse con otros granos para elaborar pan o granola; también se le tritura para obtener su aceite, el cual se destina al consumo humano o a la elaboración de productos cosméticos, pues ayuda a mantener óptima humectación en la piel.

Su uso tradicional, sobre todo en Asia, la señala desde hace siglos como remedio para irritación en estómago e intestinos, además de que se emplea con otros ingredientes en la elaboración de fórmulas para padecimientos respiratorios o de la vejiga y conductos por los que viaja la orina (uréteres y uretra). También se ha empleado para atender enfermedades de transmisión sexual, como gonorrea, aunque no hay evidencia científica que avale este hecho.

Polémica incursión
Investigaciones recientes han encontrado que la linaza contiene varios compuestos y elementos nutricionales de gran valor que son los responsables de su actual popularidad; entre los más notables están:

  • Fibras solubles. Tienen la propiedad de aumentar la sensación de saciedad, reducir el apetito y disminuir la absorción de azúcares y colesterol.
  • Ácidos grasos esenciales. La linaza contiene estos dos elementos que el organismo humano necesita pero que es incapaz de producir: el ácido linolénico (omega 3) y el linoleico (omega 6). Sin embargo, posee más del primero, sobre el cual se ha informado que debe consumirse en mayor cantidad debido a que ayuda a prevenir enfermedades del sistema circulatorio y cáncer.
  • Fitoestrógenos. Son compuestos vegetales que producen los efectos de los estrógenos (hormonas femeninas) aunque su estructura bioquímica no es igual. La linaza es rica en una familia de estas sustancias, la de los lignanos, a la que se atribuye también la cualidad de prevenir tumores, principalmente en senos.
  • Proteínas. Útiles para fabricar, reemplazar y recuperar las células de los tejidos y para producir hormonas.
  • Vitaminas A, B, D y E. Indispensables para el organismo, ya que benefician a todos los sistemas e intervienen en el funcionamiento celular. Su deficiencia puede ocasionar enfermedades en la piel, falta de visión durante la noche, alteración en la coagulación sanguínea y descalcificación de huesos, por mencionar algunos padecimientos.
  • Sales minerales. Son necesarias para la formación de células y participan en la mayoría de reacciones químicas que ocurren en el organismo.

Los especialistas en medicina naturista afirman, no sin negarles la razón, que dichas sustancias otorgan a la linaza propiedades de las que pocos productos pueden presumir. Sin embargo, debemos mencionar que muchos nutriólogos llaman la atención acerca de la falta de investigaciones científicos que certifiquen estadísticamente la efectividad de la linaza en el tratamiento de enfermedades, por lo que, sin negar su utilidad dentro de una alimentación balanceada, se muestran poco entusiastas ante quienes declaran que este vegetal es la solución a varios de los problemas médicos que enfrentamos en la actualidad.

El por qué de lo anterior radica en que los estudios sobre los beneficios del omega 3 en el sistema circulatorio, por ejemplo, son aceptados por buena parte de la comunidad médica, pero a pesar de ello todavía no hay conclusiones definitivas sobre cuál es la dosis de esta sustancia que se debe incluir en la dieta habitual para prevenir padecimientos, y menos aún se cuenta con información certera sobre su uso con fines terapéuticos. De esta manera, aunque en teoría muchos de los productos a base de linaza que se encuentran en el mercado podrían contribuir al mejoramiento de la salud sólo por los elementos que contienen, es aventurado establecer si las cantidades de éstos son adecuadas para erradicar o controlar enfermedades.

Beneficios
Lo anteriormente dicho no intenta desmeritar a esta pequeña semilla, sino darle su justa dimensión y valor dentro de la dieta habitual. De cualquier forma, y con el fin de crear un panorama mucho más amplio al respecto, brindamos un recorrido a través de los atributos más difundidos sobre esta planta y las evidencias con que se cuentan hasta el momento para formarse una opinión.

Ayuda a la digestión. Se sabe que una cucharadita de aceite de linaza al día o dos de semillas, acompañadas de yogurt, ayudan en el tratamiento del estreñimiento, ya que incrementan la frecuencia de movimientos intestinales (actúa como laxante). En este aspecto no hay punto de discusión y todos los especialistas coinciden, ya que se sabe desde hace tiempo que la linaza contiene importante cantidad de fibra (pectina y mucílago, principalmente).

Las diferencias inician en cuanto a que estas semillas son recomendables para regenerar la flora intestinal, dar tratamiento a irritación estomacal o para aliviar los daños causados al colon por el uso de medicamentos, pues mientras los especialistas en naturismo afirman que el uso ancestral de la linaza en regiones del planeta como la Península Árabe es sustento suficiente para dar estas aseveraciones por ciertas, los médicos más apegados a estudios científicos sostienen que no hay evidencias claras ni definitivas por falta de investigaciones.

Prevención del cáncer. Esta cualidad no se ha comprobado del todo, aunque se estima que aproximadamente 30 compuestos contenidos en la linaza pueden prevenir el desarrollo de tumores malignos. Por ejemplo, se sabe que poblaciones humanas con dieta rica en fibra y fitoestrógenos, que son familias de compuestos contenidas en la linaza, presentan bajo índice de tumores en el seno. Asimismo, un estudio realizado con ratones en la Universidad de Duke (Estados Unidos) ha demostrado que los ácidos grasos omega 3 ayudan a bloquear las sustancias que favorecen el desarrollo de células anormales en la próstata (glándula del sistema reproductor masculino, localizada delante del recto y debajo de la vejiga).

Aunque es fácil deducir que este alimento contribuye a prevenir el cáncer, no se sabe aún cuál es la cantidad más indicada para lograrlo. Por ello, si decide consumir linaza para reducir el riesgo de sufrir tumoraciones le recomendamos que, al mismo tiempo, siga otras medidas de utilidad, como incrementar el consumo de cereales integrales, frutas y verduras, sustituir carne roja o con mucha grasa por sus similares provenientes de aves o pescados, y erradicar el consumo de tabaco. La práctica de ejercicio diario también es de gran ayuda.

Colesterol y diabetes. Se sabe que la fibra reduce la absorción de grasas en el intestino a la vez que regula los niveles de glucosa, por lo que se estima que la linaza puede ser de utilidad para quienes desean combatir estos problemas, responsables en gran medida de infarto al cerebro o corazón (suspensión en el suministro de sangre a estos órganos debido a ruptura o taponamiento de vasos capilares). Empero, debe quedar bien claro que no es la cura a tan terribles padecimientos, sino que sólo es auxiliar en su tratamiento.

Nuevamente se debe mencionar que no existen estudios que permitan saber cuáles son las dosis que se deben consumir, por lo que hacemos hincapié en que quienes deseen incluir a la linaza en su dieta para regular colesterol o glucosa consulten a su médico y no la tomen como sustituto alguno de su terapia, la cual incluye monitoreo periódico de sangre, práctica deportiva, control de la presión arterial y dieta en la que, por lo regular, se disminuye el consumo de azúcar, grasa y harinas refinadas para dar preferencia a cereales integrales, frutas y verduras.

Climaterio o menopausia. Una dieta rica en alimentos que poseen fitoestrógenos ayuda a reducir los síntomas que sufren las mujeres al término de su vida reproductiva, de modo que la linaza contribuye a disminuir irritabilidad, depresión, bochornos (sensación de oleadas de calor) y riesgo de aumentar de peso que caracterizan a esta etapa y que se deben a la reducción en la cantidad de hormonas.

Para un resultado más efectivo se recomienda combinar la linaza con otros alimentos que poseen sustancias similares, entre ellos garbanzo, frijol, soya, trigo, cebada, avena, ginseng, ginkgo biloba, valeriana, brócoli, zanahoria, coliflor y espinaca. De cualquier forma, las mujeres en climaterio que deseen incluir linaza en su dieta deben consultar a su ginecólogo, ya que es probable que requieran tratamiento con hormonas sintéticas (terapia de reemplazo hormonal).

Reducción de peso. El alto contenido de fibra que caracteriza a esta semilla la convierte en auxiliar para dietas adelgazantes, ya que reduce la cantidad de grasa que absorbe el intestino y, al mismo tiempo, disminuye el apetito al generar sensación de saciedad en el estómago. Sin embargo, no hay régimen ideal que se base únicamente en el consumo de este producto.

Además de la linaza es necesario llevar a cabo alguna actividad física por lo menos 30 minutos al día, así como equilibrar el consumo de alimentos con ayuda de un nutriólogo, especialista que cuenta con la capacidad de estructurar un plan alimenticio que permita reducir el peso corporal del individuo tomando en cuenta sus necesidades de nutrientes.

Acumulación de líquidos. Los ácidos grasos de la ayuda a reducir la inflamación de tobillos e hinchazón en manos que algunas personas sufren, sobre todo mujeres en etapas previas a su período menstrual. No hay dosis sugerida, de modo que su consumo debe consultarse con el médico.

Afrodisíaco. Posee sustancias que ayudan a mejorar la circulación sanguínea y, por tanto, la irrigación a los genitales (masculinos o femeninos), pese a lo cual su ayuda es limitada debido a que no erradica ciertas dificultades que generan disfunciones sexuales, como pueden ser problemas psicológicos y estrés excesivo.

Salud de la piel. Se sabe que consumir esta semilla regularmente durante varias semanas hace que la epidermis luzca más tersa y suave, además de que la aplicación de aceite de linaza permite adecuada limpieza y nutrición tanto en el cutis como en el cabello. Se dice que también es auxiliar en el tratamiento de enfermedades como eccema producido por el Sol (presencia de ronchas rojas que provocan comezón intensa, irritación y úlceras diminutas) y psoriasis (inflamación y enrojecimiento de la piel que puede generar infecciones), pero sólo por su capacidad humectante.

Última recomendación
Los especialistas en naturismo insisten en que los mayores beneficios de la semilla del lino se obtienen cuando se consume en el desayuno con jugos, licuados, trozos de fruta, yogurt o ensaladas, si bien hay quienes aseguran que su efecto es mayor al tomarla con agua, luego de dejarla reposar toda la noche en este líquido. También es posible incorporar este producto en hot cakes, panqués y guisados con pollo o pescado, además de que algunas panaderías cuentan con pan de linaza o multigrano, ideal para acompañar alimentos o preparar emparedados.

Finalmente, se recomienda que la linaza no sea consumida por quienes padecen enfermedades del sistema digestivo muy severas sin antes consultar a un gastroenterólogo, además de que las personas con alergia se deben mantener atentas a posibles efectos negativos, como dolor intestinal intenso y diarrea. Asimismo, al incorporarla a la dieta habitual se deben consumir ocho vasos con agua al día, con el fin de ayudar a su correcto funcionamiento.

Fuente: saludymedicinas

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Soya, elixir de la vida


Esta leguminosa o legumbre se encuentra entre las opciones más saludables y balanceadas con que contamos para enriquecer nuestra alimentación. Si aún no la conoce, ahora es un buen momento para comenzar.

Una dieta saludable debe incluir importante variedad de alimentos, ya que cada uno de éstos, por sí solos, no contienen todas las sustancias nutritivas que el cuerpo necesita para su óptimo funcionamiento. Sin embargo, existen algunos productos que destacan por sus propiedades, siendo uno de ellos la soya, un tipo de frijol o leguminosa que por su elevado contenido de aceite se considera oleaginosa.

Originaria de China, donde era usada en la antigüedad como antibiótico para tratar heridas y reducir la hinchazón, se le mencionó por primera vez en un texto proveniente de dicha nación asiática, escrito en el año 2838 antes de Cristo, en el que se especificaban algunos detalles sobre su cultivo. Aunque fue introducida en Europa hasta el año 1712 de nuestra era por el botánico alemán Engelbert Kaempfer (1651-1716), en la actualidad, gracias a la difusión de sus beneficios por parte de organismos como la Asociación Estadounidense de Soya, en Estados Unidos, cada vez es más común encontrar a este noble vegetal en la dieta de diversos países, entre ellos México.

La soya posee alto contenido de proteínas (37% de su composición), a tal grado que aporta aproximadamente entre 2 y 3 veces más de estos nutrientes que la carne; además, es fuente de hidratos de carbono (23,5%), fibra (12%) y lípidos (23.5%), sobre todo de los llamados ácidos grasos poliinsaturados, sin olvidar que es baja en grasa y libre de colesterol.

Se trata, pues, de un alimento muy completo, rico en vitaminas A, D, E y algunas del complejo B, que además posee minerales como potasio, fósforo, calcio, magnesio y hierro, entre otros. Empero, cabe destacar aún más su contenido de isoflavonas, especialmente genisteína, daidceína y gliceteína, que son sustancias de acción similar a la de los estrógenos (por eso se las denomina fitoestrógenos) u hormonas que intervienen en numerosos procesos en el organismo de la mujer, y cuyos niveles descienden de manera natural cuando concluye su vida reproductiva (climaterio o menopausia).

El Ing. Pablo Matute Chevreuil, Licenciado en Nutrición y Ciencia de los Alimentos por la Universidad Iberoamericana, y quien además cuenta con posgrados en las universidades de Uppsala y de Lund, ambas en Suecia, explica: “Es la única legumbre que contiene los nueve aminoácidos esenciales (elementos con que se construyen las proteínas necesarias para el crecimiento y que intervienen en la reparación y mantenimiento de los tejidos corporales, pero que al no ser producidos por nuestro cuerpo deben obtenerse de la dieta) en la proporción correcta para la salud humana. Hoy, la proteína de soya se considera como de alta calidad; el mundo empieza a darse cuenta de cuán nutritiva y económica es, y en los años por venir puede convertirse en un alimento importante para la salud y buena nutrición de la población mundial”.

Los productos de proteína de soya, dice el especialista, tienen gran variedad de usos en los sistemas de alimentos; por ejemplo, los concentrados de dicho vegetal son utilizados para dar consistencia tanto a los productos molidos como a derivados de carnes, aves y pescados.

Por su parte, las harinas y sémolas hechas a partir de la molienda y cernido de las hojuelas obtenidas de esta leguminosa, tratadas térmicamente (tostadas) para optimizar el sabor, se usan en la industria procesadora de alimentos para obtener productos con textura similar a la de la carne. Asimismo, los aislados de proteína de soya están hechos a partir de hojuelas descascarilladas y desengrasadas, y son aprovechados en el procesamiento de productos de embutidos.

En materia de lácteos también se pueden alcanzar excelentes beneficios nutricionales y funcionales a partir de la soya: una selección apropiada permite crear formulaciones sin colesterol, postres congelados, productos tipo yogurt y bebidas sin lactosa bajas en grasa. Otras aplicaciones adicionales para las proteínas de soya incluyen alimentos para bebés y niños, así como materias primas empleadas en la industria de la panificación.

Productos
La soya puede ser consumida a partir de numerosos y suculentos derivados, cada uno con propiedades y usos particulares:
Miso. Se trata de pasta que se obtiene por fermentación de la soya, en ocasiones combinada con arroz o cebada. Es rico en lecitina y ácido linoleico, por lo que previene la aterosclerosis (endurecimiento de vasos sanguíneos que favorece la generación de infartos), y protege del cáncer de estómago gracias a la acción de la melanoidina, sustancia responsable de su color oscuro que inhibe la acción de los radicales libres (moléculas que favorecen la mutación de células).

Salsa o tamari. Líquido de color oscuro resultado de la fermentación de la soya con agua y sal durante un período que va de seis meses a cinco años. En la comida oriental se utiliza como condimento para sopas o como sazonador de platillos.

Tofu. Producto similar a queso fresco obtenido de la leche de soya cuajada y escurrida mediante la coagulación con sales de calcio y magnesio. Tiene alto contenido en proteínas de calidad, por lo que se emplea para tomarlo en lugar de la carne o para hacer patés y salsas. Aunque es rico en grasas no contiene colesterol y, antes bien, es rico en ácidos grasos poliinsaturados que ayudan a combatirlo. Hoy se comercializan diversas clases: blando, duro, escabechado, ahumado y cocido. Los más suaves se usan para dar consistencia a las sopas, en tanto que el duro se corta en trozos para enriquecer platillos.

Aceite. Contiene 85% de ácidos grasos poliinsaturados (linoleico, oleico y linolénico) y 15% de ácidos grasos saturados (palmítico y esteárico).

Leche. Producto que queda al filtrar los granos de soya cocidos; con ella se elaboran yogurt, flanes y mousses.

Harina. Se obtiene moliendo el orujo de soya (cascarilla), previa extracción del aceite. Contiene 50% de proteínas, por lo que suele emplearse para enriquecer otras harinas de cereales.

Lecitina. Se obtiene de la semilla de soya luego de sucesivos refinados de su aceite. Facilita la digestión de las grasas, regula el colesterol, mejora la memoria y protege al hígado.

Tempeh. Se trata de un producto típico de Indonesia que se obtiene por fermentación; proporciona altos contenidos en proteínas, hierro y vitamina B 12 .

Germinados. Los brotes o germinados que provienen de la soya verde contienen buen nivel de vitamina C. También son ricos en hierro, proteínas e hidratos de carbono.

Bondades
La Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) reconoce que 25 gramos por día de proteína de soya ayudan a prevenir el riesgo de desarrollar varias enfermedades como:

  • Cáncer. Las isoflavonas contenidas en la soya actúan como estrógenos y son determinantes para la prevención del cáncer de mama. Por lo que se refiere a las tumoraciones que afectan a la próstata, esta leguminosa provee a los varones tres antioxidantes: genisteína, fitoesterol y ácido fenólico, que trabajan evitando mutaciones celulares.
  • Padecimientos cardiacos. La proteína de soya actúa como antioxidante mejorando la respuesta de dilatación de las arterias, aun cuando a éstas ya se les haya formado una placa de grasa (colesterol). Además, previene la formación de coágulos.
  • Osteoporosis. La ingesta de proteína de soya en lugar de la de origen animal ayuda a reducir la pérdida de calcio a través de la orina. Las isoflavonas de la soya suprimen la degradación de los huesos al interactuar con los osteoclastos (células responsables de la desmineralización de los huesos), aumentando la densidad y la masa mineral ósea.
  • Menopausia. Las mismas isoflavonas actúan como remedio eficaz para evitar los sofocos propios del climaterio o menopausia, pues sustituyen a las hormonas que el organismo de la mujer deja de producir cuando termina su edad reproductiva.

Como puede apreciar, es muy conveniente incluir productos derivados de la soya en nuestra alimentación, ya que de esta manera podemos obtener todos los beneficios que nos ofrece este vegetal, sin olvidar que además lograremos satisfacer el paladar de toda la familia con su exquisito sabor. No ignore esta recomendación, pues estamos seguros de que no se arrepentirá.

Fuente: saludymedicinas

Chia: poderosa pero no mágica (y sin gluten)


La chia es una semilla precolombina muy chiquita pero muy poderosa. La chia es nativa del sur de México y Guatemala es una planta herbácea anual con flores que son azules o blancas es pariente de la menta.

Cada vez son más las personas que deciden incorporar productos naturales a su dieta diaria, generando una especie de “vuelta” a lo originario, a lo natural imitando la alimentación de las primeras civilizaciones que habitaron nuestra tierra. Se consumen semillas, hojas e infusiones de todo tipo como alternativas saludables que ayudan a mejorar la salud de nuestro cuerpo.

Uno de los alimentos que últimamente está de moda, es la chía, originario de Centroamérica, cuyo nombre científico es salvia hispánica, es una planta de la familia de las labiadas. A esta familia pertenecen algunas de las plantas aromáticas de mayor uso culinario y medicinal, como la menta, el romero, el tomillo, el orégano, la salvia y la albahaca, entre otras.

Generalmente lo que más se consume son las semillas de chía pero también podemos encontrarla triturada, (como harina) que permite incorporarla a diversas preparaciones.
La popularidad que ha alcanzado la chía, se debe a que es un alimento rico en nutrientes, destacándose entre ellos, un alto contenido en Omega 3 que es uno de los principales aceites naturales que ayudan a reducir el colesterol y los triglicéridos.

Volver a lo natural

Uno de los aspectos que se ve más afectado en los tiempos que corren es la alimentación, ya sea porque no le dedicamos el tiempo suficiente tanto a la preparación como a la calidad de los alimentos que consumimos. Comemos apurados, algo rapidito en el trabajo o en la casa, para después poder seguir con las demás actividades. Y así perdemos de vista la importancia de incorporar todos los nutrientes que necesitamos, por eso es que este tipo de productos naturales se convierten en alternativas que nos ayudan a complementar y compensar las posibles faltas o ausencias de todas las vitaminas y nutrientes necesarios.
 
De esta manera, las semillas de chía se posicionan como aliadas de la dieta diaria, ya que contienen vitamina B, calcio, potasio, zinc, cobre, son muy ricas en fibra y, lo más importante, es que tienen aproximadamente un 60% de ácido linolénico (omega 3), fundamental para lograr un normal desarrollo metabólico. Éste es un ácido graso que debemos incorporar a través de la dieta, pues nuestro organismo no es capaz de sintetizarlo.
 
“El Omega 3 lo encontramos en alimentos como el pescado, algunas frutas secas, como así también en las semillas de chía; hay que saber que el Omega 3 es un aceite esencial natural, que al consumirlo trae amplios beneficios para la salud, además de ayudar a reducir el colesterol, mejoran la salud cardiovascular es muy importante para el desarrollo del sistema nervioso fetal”, afirmó la nutricionista Daniela Ortega.

Su incorporación a la dieta diaria es bastante amplia, ya que su sabor es neutro, permite incluirla en todo tipo de comidas. Se pueden consumir como cualquier tipo de semillas, en forma directa o agregada a leche, yogur, helados, gelatinas, jugos naturales, salsas, sopas, cereales, mezcladas con pan rallado como rebozador, y además la chía triturada permite elaborar masas para panificados dulces y salados de todo tipo. Es altamente recomendada para las personas con problemas de constipación dado su alto contenido de fibras.
 
“Las semillas de chía también son una alternativa para la constipación. Se puede incorporar al jugo de naranja durante el desayuno y además también sacian el apetito. Al dejar en un vaso de agua una cucharada de chía, suelta una fibra soluble y se forma una gelatina, que al tomarla hace que los hidratos de carbono se digieran en forma más lenta, retrasando la digestión. Es decir: tienen un índice glucémico bajo”, opinó la nutricionista.

Cabe destacar que las personas con celiaquía encuentran en la chía otro ingrediente para añadir y enriquecer sus preparaciones, ya que en la composición química de la elaboración de la chía triturada no se utiliza gluten.

No existen recetas mágicas

“A mí me lo recomendó un amigo, que empezó a tomar las semillas de chía hace un tiempo, le dijeron que son muy buenas para el colesterol. Yo comencé a tomarlas hace poco, espero que me dé resultados”, suelen ser las explicaciones a la hora de sumar este ingrediente a las dietas. Generalmente, la difusión de este tipo de productos naturales, es de boca en boca, por recomendación.

Pero hay que tener en cuenta que no existe ningún alimento mágico que por el solo hecho de consumirlo nos traiga beneficios para nuestra salud. Lo adecuado sería consultar con los especialistas y profesionales para consumirlos en forma correcta y no caer en falsas expectativas.

Gastón Fenzo, médico clínico y homeópata, hace un año que viene trabajando con la chía, fascinado con sus resultados. “He realizado pruebas con personas que tienen problemas de colesterol, modificando la dieta y agregando harina de chía; mi experiencia me indica que se puede reducir el colesterol, pero siempre y cuando se corrija la alimentación y se incorpore la dosis necesaria de chía. No le doy toda la responsabilidad ni méritos a este alimento”.

Se debe tener presente que existen dos tipos de colesterol uno que es endógeno, es decir, que el mismo organismo lo produce, utilizándolo como matriz para varias hormonas; y el otro tipo es exógeno, el cual es el que aportamos por nuestra dieta.

Si bien no existen estudios que certifiquen cuál es el colesterol que ayuda a reducir la chía, se entiende que al mejorar nuestra alimentación sumando el aporte de un alimento natural como la chía, el colesterol que se reduce es el exógeno.
 
“La chía tiene tres virtudes, aceite omega, fibra y antioxidante que ayuda a retardar el envejecimiento celular. Estos aportes producen un efecto en el organismo originando un movimiento metabólico, mejora el tránsito intestinal, reactiva las funciones orgánicas y de esta forma se normalizan las secreciones de colesterol endógeno y se elimina el colesterol exógeno”, concluyó el profesional.

Fuente: Losandes.ar y lindísima.com